martes, 4 de junio de 2019

Serás mi rayito de luz peludo que me acompañará por SIEMPRE... (PARTE I)

Esta es una historia que no puedo contar tan rápido, pues está llena de buenas anécdotas, la misma puedo definirla como una "montaña rusa", porque cuando decides montarte por primera vez, sientes algo nuevo dentro de ti, es una atracción que puedes disfrutarla, en ella puedes gritar o llorar de la emoción y a su vez sentir susto, ya que es algo desconocido que estás experimentando, digamos que es un cóctel de emociones que no sabes como explicar, esto mismo me pasó cuando una perrita a la que llamé "Roxy", llegó a mi vida.

Un día, siendo apenas una adolescente de solo 13 años y culminando mi etapa de liceista para  comenzar mi bachillerato, mi madre me comenta que ha tomado la decisión de separarse de mi padre, fue un choque bastante drástico para mí, ya que sabía que mi rumbo familiar tomaría un cambio radical, pero, maduramente, le comenté a ella que si creía que eso era lo mejor para su vida, la apoyaba, eran adultos y solamente ellos podrían conocer sus motivos de dicha separación, recuerdo que mi padre se acercó a mi y me dijo que pase lo que pase siempre iba a estar a mi lado, sin embargo, el vació se hacía notar, pues no era lo mismo, pasé a tener un hogar de tres a dos, donde solo éramos mi madre y yo. 

El tiempo pasó y llegó el mes de diciembre, un mes que se supone que es de unión familiar, ese día fue muy solitario para mí, a pesar de que me había ido de viaje a visitar a mi familia en los Andes, no dejaba de sentir ese vacío en mi corazón, tanto fue mi cambio emocional que al llegar a mi ciudad natal, Caracas, después de las vacaciones de diciembre, mi mamá decidió hacerme una cita con una psicóloga, ella le comentó a mi mamá que lo que estaba sintiendo era algo completamente normal debido a la decisión que había tomado con respecto a mi papá y que a pesar de yo haber tomado las cosas con calma, mis ánimos decían otra cosa.

La psicóloga me pidió que saliera de su consultorio, ya que quería hablar en privado con mi mamá, ella le dijo que lo mejor para mí en estos momentos es que tuviese una compañía... ¿Cuál?, le pregunto mi madre, pues lo más idóneo sería una mascota, ¿una mascota?.. ¡No doctora, eso es imposible!, vivimos en un apartamento pequeño y créame que los tiempos míos y de mi hija son complicados, una mascota requiere mucha dedicación y responsabilidad..., esa es la idea, Johanna debe mantener su mente ocupada y que mejor opción que esa; mi mamá se quedó un rato pensando y pensando y salió del consultorio de la psicóloga, yo, que la esperaba afuera, la noté distraída y le pregunté: ¿Qué paso, ocurre algo malo?, hablamos con calma en casa, me contestó.

Al llegar a casa, mi mamá me comentó todo lo que habló con la psicóloga detalladamente, yo a simple vista me impresioné muchísimo, mi madre siempre fue renuente con el hecho de tener mascotas y que aquella doctora la haya hecho recapacitar su decisión y quizás cambiar de parecer fue increíble, ese día lo tengo en mi memoria como si hubiese sido ayer, recuerdo que me miró a los ojos con dulzura y me preguntó... Hija, ¿te gustaría tener una mascota?, esa era mi oportunidad y obviamente le dije que si, sin pensarlo, ya que desde que tengo memoria me encantan los animales y de verdad añoraba tener una compañera a mi lado... Pues está bien, tendrás a tu perrita, esas palabras me tocaron el alma, la abracé y le dije ¡Gracias!

Pasó un año aproximadamente desde aquel momento que tuve esa conversación con mi mamá, estaba a punto de cumplir los 15 años, ya había dejado de ir al psicólogo, ella me dio de alta, pues me sentía emocionalmente mejor y estaba enfocada en la búsqueda de mi mascota "ideal", yo quería una raza grande, un "Golden Retriever", pero debido al espacio de mi hogar, desistí y comencé a buscar en Internet razas de perros pequeños y me llamó la atención los "Poodles o Caniches", como se les conocen en otras partes del mundo... ¡Esa es la que quiero!, le dije a mi mamá y ella como ya había accedido a tener un nuevo miembro en nuestra familia me dijo, ¡Perfecto!, hablaré con tu papá sobre la decisión que tomaste.

Mi padre siempre estuvo de acuerdo en tener una mascota en casa, pues sabía lo mucho que me gustaban los animales y no tenía duda de que yo sabría como cuidar a un perro, al tener la conversación con mi mamá sobre mi decisión, él ese día se encontraba en el mercado y precisamente conversó con una señora y como si fuesen cosas de Dios, tenía en estado una perrita de la raza que había elegido, enseguida contactó nuevamente a la señora para preguntarle cuando daría a luz esa perrita, ella le dijo que para mediados del mes de abril, en ese momento nos encontrábamos en el mes de febrero.

Pasaron los meses y mi papá me llama para decirme que mi futura mascota había nacido, la emoción que sentí en ese momento fue inexplicable, fue un 18 de abril del año 2004, que había nacido mi Roxy, esa peludita que quería tener en mi vida cuanto antes, la señora le indicó que había que esperar un mes para darme a la perrita, pero mi ansiedad fue tanta que me la dieron en 22 días, recuerdo que fue un sábado que fui a buscarla en una plaza muy conocida en mi ciudad, fui con mi madre y allí estaba ella, toda dormidita y a su lado estaba su hermana, una "poodle blanca" que me miraba con ojitos tiernos, pero mi enfoque siempre fue su hermana la "poodle negra".

Ese día fue mágico porque puedo decir con total sinceridad que mi Roxy me escogió como su dueña, pues al momento de cargar a la perrita negra no la sentí como mía, como mi chiquita y fue allí que en el momento que Roxy, esa "poodle blanca" me miró, sentí una conexión que no puedo explicar, decidí dejarme llevar por lo que sentí y la cargué, en ese momento, un rayo de luz reflejó en sus ojos y me enamoraron, eran grises, le dije a mi mamá, ella, ella es la que quiero, esa combinación de motica de algodón, naricita rosada y ojos grises fueron el gancho perfecto, mi Roxy era una cachorra con una belleza única y aunque su hermana era preciosa, sencillamente no sentí ese vínculo especial; allí entendí que Roxy me eligió, eligió estar conmigo y con nadie más... Y fue a partir de ese día que la historia con Roxy comenzó.

La señora me explicó como cuidarla y alimentarla, ya que aún estaba muy chiquita, le presté mucha atención y cuando terminó de explicarme todo mi mamá y yo nos fuimos con Roxy en mis brazos, fuimos directamente a la casa de mi abuela, donde se encontraba viviendo mi papá, él al verla su primera impresión fue "la despintaron", todos nos reímos y le dije no, ella es nuestra Roxy, ella fue la perrita que mi Dios puso en mi camino para mí. Esa noche fuimos a casa los cuatro, mi papá, mi mamá, Roxy y yo, como todos nos comprometimos a cuidarla, mi padre se quedó varios días en casa y durante ese tiempo, mi mamá y él hablaron muchísimo y decidieron darse otra oportunidad, allí pensé que en definitiva Roxy llegó a mi hogar para llenarlo de unión y felicidad...

Continuará...

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