miércoles, 5 de junio de 2019

Serás mi rayito de luz peludo que me acompañará por SIEMPRE... (PARTE II)

Recuerdo la llegada de mi Roxy a mi hogar como si hubiese sido ayer, cuando ella pisó por primera vez con sus patitas el suelo de su nueva casa y como toda cachorra, se extrañó de aquel lugar completamente desconocido para ella; desde muy chiquita fue una perra astuta, inteligente y sobre todo muy curiosa, olfateó cada espacio, cada rincón, comenzó a ganar confianza y adentrarse a nuestra familia, tanto así que la primera travesura que hizo fue hacer pipí en mi cuarto y algo muy gracioso es que el primer ladrido de dominio se lo dio a mi papá, él como modo de juego le dijo ¡Ajaaaa!, no tienes tamaño Roxy para tus berrinches, mi mamá y yo reímos y desde ese instante, los tres nos dimos cuenta de que nuestra familia ya estaba completa.

Roxy pasó la noche conmigo en mi cuarto, duré levantándome aproximadamente tres veces en la madrugada (1, 3 y 5 am) durante 1 mes más o menos para darle de comer, perrarina sumergida en agua caliente era su alimento, como estaba muy chiquita, me tocó dársela poquito a poco, esto fue algo nuevo para las dos, ella se estaba acostumbrando a mí y yo a ella, sentir su calor era muy reconfortante para mí y saber que un ser tan chiquito dependía de mí me hizo reflexionar tanto de la vida y de como hay personas que no quieren a los animales, lastimosamente no todos les toca buenos amos y allí en mi espacio personal le prometí que siempre la querría y la cuidaría.

El tiempo iba pasando y cada día me sentía dichosa de tener a mi peluda compañera, cuando llegaba de clases le daba mi tiempo a Roxy, la alimentaba, jugaba con ella, la mimaba, en fin, le demostraba lo mucho que la quería, mi peluda como lo mencioné antes, era muy inteligente, al principio le daba miedo bajar escaleras y poco a poco fui enseñándole y ella aprendió, me di cuenta de que tenía carácter, pues a pesar de ser chiquita, demostraba su autoridad ante otros perros, eso siempre me causó gracia, ya que no se dejaba intimidar por peludos más grandes que ella. Una de las cosas que recuerdo con mucho amor es cuando entendió su nombre, al escuchar "Roxy" sabía que era con ella y no solo eso, tanto fue el cariño que le sentía mi familia y vecinos de la zona que hasta ganó apodos: Roseta, Roxiny, Motica, fueron algunos de ellos.

No solo despertó un cariño en la gente, también fue una rompecorazones, jejeje, Roxy tenía muchos admiradores perrunos, tanto así que venían a buscarla en casa, esa ha sido una de las anécdotas más graciosas de ella, aunque sus tremenduras también se ganan un lugar importante, cada espacio de mi hogar tiene algo especial que hizo mi peluda, al igual que los lugares que mayormente frecuentaba, ella tenía su lugar para dormir que era únicamente de ella, su mueble al cual celaba con locura y donde hacia sus necesidades, no había otro lugar que ese y aunque parezca mentira, el espacio antes mencionado, el lugar para dormir y pasar el rato, fueron escogidos por Roxy.

Un momento importante de mi peluda fue cuando tuvo la oportunidad de ser madre, fue tan excelente mamá que eso hizo que la quisiera aún más, sobre todo mi mamá que aunque le tenía aprecio, no era tan amorosa como lo éramos mi papá y yo con ella, el vínculo que Roxy logró con mi mamá al momento de parir (a pesar de que yo fui quien la ayudó a parir porque no quiso que se le acercara nadie más), despertó en mi madre un amor hacia Roxy, pues ella me dice que la vio tan entregada a sus cachorros que hizo que mi peluda le reviviera un momento especial de su infancia, cuando su querida perra Coca tuvo sus perritos, con lágrimas en los ojos me dijo que en definitiva los animales son seres maravillosos. 

Mi Roxy tuvo 4 hermosos perritos, 3 machos y 1 hembra, lamentablemente uno de los machos se nos fue antes de tiempo por complicaciones en el parto, ya que a pesar de que Roxy tuvo su control, los cachorros eran bastante grandes y aunque yo hice hasta lo imposible por salvarlo, no se pudo hacer más, eso nos entristeció como familia, pero para evitar que mi peluda se sintiera mal, seguimos adelante con ella, cuidándola y a sus cachorros también, hasta que tuvieron el tiempo suficiente para ser dados en adopción. Después de unos meses, Roxy fue esterilizada.

Los años fueron pasando y mi peluda presenció los momentos más hermosos vividos en la familia, los quince años de mi prima, mi graduación, tanto de bachiller como de la universidad, el nacimiento de mi sobrina, el de mi sobrino, nuestras navidades, viajes (conoció la tierra de mis padres), idas a la playa y muchos más, ella disfrutaba muchísimo estar con nosotros y de todas esas vivencias, aunque un día en algunas de las reuniones familiares nos dimos cuenta que se sentía mal, la llevamos al veterinario y descubrimos que tenía un problema hepático que era de nacimiento, no entendíamos mucho la situación, pero cumplimos con todas las orientaciones del veterinario, eso implicaba cambiarle la alimentación por una perrarina especial en esos casos, era de cordero y aunque costaba conseguirla por ser un producto importado y sobre todo costoso, esto no nos detuvo, Roxy merecía estar bien, pues para nosotros era un "miembro más de la familia".

Continuará...


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